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Hace casi seis décadas, un nuevo aeropuerto deslumbraba a los costarricenses. Como novedad, tenía pista de asfalto, también un balcón para despedir a los viajeros; inicialmente se  le bautizó como El Coco.

Hoy, por el Juan Santamaría pasan cerca de 7 millones de pasajeros al año; dentro de 10 años deberá recibir unos 11 millones, según la consultora española Ineco.

Por eso muchos consideran urgente avanzar a paso firme en el proyecto del aeropuerto del futuro para que funcione en el año 2026.

Ana Cristina Jenkins, ex viceministra de Transporte Aéreo, considera que aunque aún no es tarde para ello “sí debemos tomar acciones ya”.

Aunque el tiempo es limitado y corre rápidamente, al día de hoy no se ha definido el terreno en el que se ubicará el aeropuerto metropolitano.

Eduardo Montero, del Consejo Técnico de Aviación Civil, dijo que están desarrollando una licitación pública internacional, “para determinar el emplazamiento del nuevo aeropuerto, tomando como antecedente el estudio de la firma Ineco del año 2011”.

La licitación se publicará en julio; definir el sitio exacto dónde se ubicará el nuevo aeropuerto podría tomar entre nueve meses  y un año.

“La construcción de un aeropuerto es un proceso que se lleva entre cinco y diez años, y en eso estamos. Eso es una necesidad de Costa Rica, y creo que todos estamos abocados al fiel cumplimiento de este proyecto”, apuntó Montero.           

¿Hasta dónde llegará este Gobierno con el proyecto del nuevo aeropuerto? El ministro del MOPT, Carlos Segnini, asegura que van a definir el lugar y “buscaremos avanzar en expropiaciones y diseños”.

“Sin embargo, estamos claros de que lleva obras paralelas”, agregó. Entonces, si somos muy optimistas, al finalizar el Gobierno de Solís se habría comprado el terreno para el nuevo aeropuerto.

El estudio de la española Ineco será la base para definir el terreno del nuevo aeropuerto. El informe del año 2011 establece un sector de Orotina como el sitio ideal, sobre Cascajal, Tárcoles, Pitahaya y Pitahaya II.

Para la elección se analizaron variables como la cercanía con la capital, que existe una carretera cercana, no hay áreas protegidas cerca y que presenta pocos riesgos geológicos.

Cuatro años han pasado tras este informe, y no se ha definido un terreno específico, mientras el Pacífico central espera mayor decisión y acción.