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A sus 28 años, Douglas Ramírez dio un giro completo a su vida. Desde vivir en las calles debido a su adicción a las drogas, hasta convertirse en un operario en una empresa de dispositivos médicos, con la meta de llegar a ser técnico en redes.

El camino de Douglas no fue fácil, pero su determinación, junto a la ayuda desinteresada de personas que le brindaron una oportunidad sin conocerlo, fueron claves en su transformación. Hoy, comparte su historia para motivar a otros a superar sus desafíos y a que brinden apoyo a organizaciones, como aquellas que jugaron un papel fundamental en su recuperación.

Douglas, hablemos de tu experiencia. ¿Cómo llegaste a la adicción?

La adicción es una enfermedad mental que no tiene cura. Comencé desde joven probando sustancias. En mi caso el alcohol fue la madre de todas las drogas, fue la más destructiva. A los doce años, empecé con cigarro. También creo que tenía una predisposición genética, porque mi papá consumió alcohol durante muchos años y normalmente eso se trae. Pero yo no sabía que yo consumía por la adicción y se me llegó a crear un hábito, y para para una persona con adicción romper ese hábito es muy difícil porque se le va creando una idea fija; es una obsesión.

En mi juventud yo consumía básicamente porque todo el mundo lo hacía. Entonces lo hacía para encajar, y eso mucho habla mucho de la baja autoestima que tenía desde pequeño. También desde mi núcleo familiar venía con problemas,  mis padres se separaron, entonces yo empecé con sentimientos de culpa, resentimientos, odio e ira. Todas esas emociones negativas causaron que la adicción se hiciera más grande, y cada vez que yo consumía trataba de evitar mi realidad y me sentía bien.

¿Cuándo te diste cuenta de que tenías un trastorno de adicción?

Me di cuenta de mi trastorno de adicción cuando comprendí que, una vez que consumía sustancias, no podía detenerme. Me di cuenta de que no podía salir solo de ahí.

¿Cuándo sentiste que habías tocado fondo o qué te motivó para hacer un cambio?

Hay varios tipos de fondo. Hay un fondo material, que es mucha gente cuando lo pierde todo económicamente hablando como yo, que terminé en la calle. Y está uno de los más difíciles, que yo también lo experimenté, que es el fondo emocional. Creo que en mi caso fue una combinación de esos dos: por un lado, me acuerdo de que perdí mi trabajo por culpa de las sustancias y la irresponsabilidad; y en medio de mi egocentrismo quería echarle la culpa a los demás, y esas fueron las causas.

¿Cómo empezó su proceso de recuperación?

Me fui de casa tras ser despedido, yo vivía con mi mamá, pero llegó el momento en que vivir conmigo era imposible. Entonces, estando en la calle, un primo que estuvo en "Hogar Feliz" en Naranjo me recomendó con un señor, y él creyó en mí y pagó para que me internaran, porque yo no tenía ni un cinco en el bolsillo. Pero después de estar ahí esos 22 días, yo no sabía que iba a pasar conmigo cuando saliera. Entonces fue cuando conocí Casa ACERPA, una trabajadora social del hogar en Naranjo fue la que me recomendó con ellos, ella me salvó la vida en ese momento. Yo no tenía ni un colón, pero en Casa ACERPA me recibieron y ahí empecé de cero, lo único que tenía era a mi persona y yo quería cambiar. Ellos creyeron en mí, y me dejaron quédame sin pagar nada durante un mes. Me dieron la oportunidad. Ahí conseguí trabajo, empecé a realizar labores  y empecé mi proceso de recuperación.

¿Qué diferencia a Casa ACERPA de otros programas?

La terapia cognitivo-conductual fue clave. Me sacaron de mi entorno, fomentaron disciplina, servicio y gratitud. Desarrollaron herramientas para la empleabilidad. En Casa ACERPA, con horarios y labores, muchos logramos la reintegración laboral. Me ayudó empezar a trabajar y ganarme las cosas.

Yo salí en octubre de este año, después de un año de proceso. Y hoy en día ya tengo mis horarios, en la noche hago mi diario de que voy a hacer el día después y tener el control de mi vida, eso me ha llenado un montón y fue lo que me dieron ahí. Nos decía como hacer el currículum, cómo ir a una entrevista. Había una ruta de empleabilidad. Y me llamó primero una empresa de ropa donde yo trabajé cinco meses, y de ahí apliqué a otra empresa trasnacional de dispositivos médicos donde estoy ahora.

¿Qué fue lo más difícil de luchar con esta adicción?

Son muchas cosas, pero creo que tal vez la culpa. El sentimiento de culpa que tenía era muy grande y cuando entré en un estado de conciencia de que yo no era culpable de muchas de las cosas, empecé a sentirme libre y a sentir que podía ser feliz. Porque ser feliz es una elección. Y me preguntaba por qué siempre tengo que consumir para ser feliz, y darme cuenta de que no era necesario. Y a experimentar con mi vida como si fuera una aventura, y no como una esclavitud, porque cuando uno está en consumo uno es esclavo y solo piensa en consumir. Para mi sentirme libre de ya no tener que consumir me ayudó mucho, y yo salí de ese centro con metas.

¿Cuál sería tu mensaje para alguien que posiblemente esté luchando con una adicción?

Es difícil porque cuando uno está ahí no quiere escuchar a nadie, y uno puede ser orgulloso y creer que los otros son los que tienen la culpa. Pero les diría que busquen ayuden y que no lo hagan por otros sino por ellos mismo.  

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